CONCEPTUAR LA CULTURA I

“Época de la comparación. Cuanto menos atados están los hombres a la tradición, tanto mayor es el movimiento de los motivos y tanto mayor es, en consecuencia, la inquietud externa, el entrecruzamiento de los hombres, la polifonía de los afanes. ¿Para quién hay en general todavía una obligación estricta de encadenarse entre sí y su descendencia a un lugar? ¿Para quién han en general todavía algo estrictamente vinculante? Así, como se reproducen toda clase de estilos artísticos unos junto a otros, también todos los niveles y clases de moralidad, de costumbres, de culturas. Una época como ésta recibe su significado del hecho de que en ella se pueden comparar y vivir unas con otras las distintas concepciones del mundo, costumbres; lo cual antaño, dado el dominio siempre localizado de cada cultura, no era posible debido a la vinculación de todos los estilos artísticos a un lugar y una época. (…) ¡Es la época de la comparación! (…) Queremos más bien entender tan generosamente como podamos la tarea que nos fija la época: por ello nos bendecirá la posteridad, una posteridad que se sabe por encima tanto de las cerradas culturas populares originales como de la cultura de la comparación” Friedrich Nietzsche (1878) En “El enigma multicultural” BAUMANN, G. 1999. Hace más de cien años que el filósofo Nietzsche hacía esta reflexión acerca de la cultura, de la imposibilidad de hermetizar el término al estilo de épocas pasadas en las que este concepto no era sino un elemento estático que quedaba definido por el lugar y la inmovilidad que arraigaba conductas, costumbres y concepciones que definían de manera muy concreta una cultura. Hace más de cien años que se nos colocaba en un escenario hasta el momento desconocido, aquel en el que el intercambio y la comparación conformaban la estructura social, otorgando a la cultura un nuevo orden, caracterizado por la dinamismo que le concedía la exposición constante con otros elementos diferentes a los propios. Pasados más de cien años, el dinamismo ha llegado a su punto más álgido, las tecnologías de la comunicación han reinventado las relaciones humanas, incrementándose estos procesos de comparación e intercambio, cobrando, si cabe, mayor interés argumentaciones como esta. Otra cuestión sería el hecho de que este acercamiento de individuos y “culturas”, que bien podría estar representado por la globalización, nos pueda estar llevando a organizar un nuevo espacio común, en el que, ya acomodados y organizados, se pueda producir un nuevo proceso de estancamiento de la interacción cultural entorno a un espacio común, con unos valores, ideas y principios comunes, que nos pueda conducir de nuevo al estatismo y al encorsetamiento cultural, en el ámbito de toda una sociedad occidental, pero al estilo de los antiguos núcleos poblacionales de otras épocas pasadas.

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